Dosde

dosde, como casi todo lo bueno, empezó a cocerse a fuego lento.
Eva y Beatriz, dos amigas de distinta procedencia, coinciden en un sábado soleado en la plaza del dosde, donde entre cañita y tapita empiezan a darle vueltas a una idea, que se convierte en un proyecto, que crece hasta que se hace mayor y le ponen "dosde"

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